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Relato erótico: ¿Nos venimos juntos?

Relatos eróticos: nos venimos juntos

Estamos en una nueva normalidad, eso es innegable, pero no por ello vamos a relegar nuestras necesidades básicas como comer, vestir, descansar, etc. Te has puesto a pensar en que el sexo ¿también es una necesidad básica? Según la pirámide de Maslow figura como necesidad básica. En algunos textos dice “sexo”, en otros “reproducción”, no nos detengamos en esto porque no es el tema de fondo.
Sea sexo o reproducción, mi pregunta es más bien ¿qué pasa con el erotismo, el placer, el disfrute, el goce de mi sexualidad? ¿Es por culpa de Maslow que se confunde la sexualidad con sexo? ¿Es su culpa también que estemos prácticamente condenadas a tener sexo sin erotismo con el único y exclusivo fin de reproducirnos? ¿Qué pasa con las que no queremos reproducirnos? Y las que no podemos, ¿no debemos tener sexo ni algún encuentro erótico?

Autoconocimiento

Como si fuera poco con todo esto, la coyuntura en la que nos encontramos a nivel mundial nos ha quitado, entre muchas otras cosas, el contacto físico. Sobre todo para aquellas que no vivimos con nuestras parejas o las que no tenemos una y dependíamos de nuestros ligues de fin de semana para tener encuentros eróticos salvajes y apasionados que den rienda suelta a todos nuestros instintos, y nos descarguen de toda esa energía sexual acumulada desde quién sabe cuándo.

Ya era difícil hacer contacto físico antes de la pandemia. Ahora es todo un acontecimiento ligar con alguien de manera virtual y de ahí a concretar un encuentro es otro acontecimiento más. Si le agregamos el hecho de dejar pre determinado que en ese encuentro tendremos sexo, se siguen sumando acontecimientos por planificar. La espontaneidad –o falsa espontaneidad porque en realidad una sabe más o menos a lo que va– se esfuma como el humo de un cigarrillo apenas lo expulsas después de una pitada.

Entonces no me queda más que lidiar con la tarea de conocerme a mí misma que, ahora mismo, se ha dado prácticamente como una obligación. No me queda de otra, o me hago la paja o me quedo sin placer. Por supuesto que esto no debería ser visto desde este enfoque porque sabemos que el placer nace de nosotras mismas, nuestro autoconocimiento, autoexploración y todos los autos.
Pero para ser realista conmigo misma, no solemos ponerlo como prioridad sino que más bien buscamos un buen prospecto amatorio para pasar la noche. Si a eso le sumas que te quieres enamorar, este texto se vuelve más complejo, de escribir, por eso no entraremos al amor ni al enamoramiento, dejémoslo en sexo, puro y duro, erotismo y ya está.

encuentro erótico
Ilustración por Frida Castelli

Encuentro erótico

Hace unas semanas tuve un encuentro erótico con un prospecto amatorio increíble. Alguien con quien ya he explorado diferentes superficies, ambientes, posiciones y no lo voy a negar, el mejor polvo de mi vida hasta ahora.
A juzgar por el terreno sexual, todo con esta persona siempre ha fluido y se ha dado con toda la naturalidad, goce y apertura que amerita un encuentro erótico en tus treintas. Y digo erótico porque no se ha centrado en la penetración únicamente, o mejor dicho, no se había centrado en ello hasta ese día del reencuentro post cuarentena.

Si bien disfruté los roces, los besos, el reconocimiento táctil de cada parte de nuestros cuerpos, mi mente le pedía a mi cuerpo, casi de manera ansiosa, que viera el orgasmo como ese banner gigante que dice “meta” y que siempre, en cualquier aspecto de nuestras vidas, queremos alcanzar, dicho más claro, yo ya quería llegar.

En medio de la fricción de nuestros genitales, la sudoración, el jadeo, mis gemidos y su mirada penetrante y libidinosa, yo no podía pensar en otra cosa que no fuera “quiero llegar”. Tanto dejé que mi mente me presione que nunca lo logré, ¡maldita sea! No entendía qué diablos me estaba pasando, ¿era mi amante? ¿era yo? ¿era Maslow y su estúpida pirámide de necesidades? De pronto, mi amante alcanzó el orgasmo. Y yo lo último que tenía en mi cabeza fue ese pensamiento rumiante. Repitiéndome una y otra vez que debía llegar a la meta, bueno no lo logré. Por supuesto, hubo varios intentos más, casi todos “infructíferos” o por lo menos eso creía cada vez que mi amante volvía a su periodo refractario.

ansiado orgasmo
Ilustración por Frida Castelli

Ansiado orgasmo

No voy a negar que me tomó hasta el día siguiente hacerme la pregunta que me sacaría de ese estado de, lo que yo creía era, insatisfacción sexual: ¿te das cuenta que te encanta cómo te mira? ¿te das cuenta que te excita cómo te toca y que lo hace además según todo lo que le has dicho que te gusta? (amante aplicado detectado).

Entonces, ¿por qué te centras en el orgasmo y no disfrutas todo el encuentro erótico de principio a fin, aunque éste no culmine con el mismo? Me respondí estas preguntas a mí misma y en ese momento fue como conectar los cables de arranque de un auto. Osea me encendí y empezamos nuevamente con todo el recorrido erótico. Pero esta vez me centré en el disfrute de cada paso de ese recorrido sin ponerle metas ni objetivos. ¡Esto no es un plan maestro con planes de acción qué cumplir!

Y si te estás preguntando si esta vez sí alcancé el orgasmo. Pues no y qué bueno que no fue así porque habría creído que esa es la “solución” para alcanzarlo, pero ¡no! Lo que conseguí – y esto sí de manera espontánea–  fue verme inmersa en un nivel tal de goce y placer incomparable con el orgasmo, no lo desmerezco por supuesto, es simplemente que no tienen comparación. Hasta mi amante sintió ese último encuentro diferente y, quizás, más explosivo que los anteriores.

Seguramente el siguiente encuentro va a ser diferente. No sé si sea con el mismo protagonista, en todo caso eso no es lo que haría la diferencia. Pero sí lo que yo sentí y descubrí de mí misma ese día, en ese encuentro erótico, en esa combinación de sexo, sexualidad, goce, placer y disfrute; y no, no fue con el fin de reproducirme Maslow, solo quería coger.

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